El uso de la tecnología como saber humano es con seguridad la herramienta de mayor impacto en el desarrollo cultural de la Humanidad. De hecho, su utilización ha conformado, en buena medida, la sociedad con la que contamos hoy en día. Con ella han surgido soluciones y también problemas a lo largo de la evolución humana. Es hora de pensar si podemos generar una orientación a esa tecnología que nos permita abordar más eficientemente los grandes problemas sociales.
El aumento poblacional acarrea una fuerza económica de primer orden porque se traduce en aumento de la variable demanda en la ecuación económica primaria. Detrás de esa demanda hay necesidades y detrás de éstas, problemas por resolver.
El equilibrio se obtiene si la población es capaz de desempeñarse de tal manera que desarrolle la capacidad sistémica para cubrir las necesidades que dentro de ella se generan.
Es aquí en donde aparece en el horizonte humano, cada vez con mayor presencia e importancia, esa tecnología de conjunto que llamamos bajo la denominación de Tecnología Social.
En efecto, la Tecnología Social es la aplicación de conocimientos científicos y tecnológicos, orientada a la resolución de problemas de subsistencia, salud, educación, envejecimiento, discapacidad, seguridad, entre otros. Es una tecnología orientada al progreso y a la mejora de la calidad de vida de las personas.
La Tecnología Social es promovida por sociedades abiertas de carácter interdisciplinar, que se constituyen en redes de organizaciones y profesionales, llamadas a impulsar la consolidación de la Tecnología Social como una opción de futuro, reconocida en los niveles de decisión que determinan las prioridades políticas y sociales de los recursos económicos y tecnológicos.
Se puede representar con un trébol de cuatro hojas, simbolizando la relación entre cuatro elementos, que adecuadamente enlazados pueden transformar el conocimiento en progreso social. Estos elementos son: el desarrollo tecnológico, el desarrollo de las capacidades humanas, el crecimiento económico basado en servicios y la calidad de vida a nivel individual y familiar. Todos estos elementos se apoyan entre sí. La Tecnología Social aporta el enfoque de transformar conocimiento en tecnología y ésta en desarrollo social. Este marco de relaciones, puede generar una dinámica positiva, que redunde en aumentos de productividad y valor de las empresas, creación de empleo, recursos para la investigación y capacitación y autonomía de las personas. Todo ello daría lugar a un entorno social donde destaquen los valores cívicos, los servicios avanzados, la atracción de talentos, los recursos sociales y la innovación como forma de progreso humano.
Cuando Alvin Toffler en su muy afamada obra La Tercera Ola nos refería la búsqueda de un sistema político que administrase la cantidad de tecnologías emergentes que surgirían del progresivo avance de la computación y la electrónica, nos planteó que los siglos posteriores al veinte, serían los años de lo que denominó “la democracia expansiva”. Lejos de plantearse la presencia orwelliana del “Gran Hermano”, Toffler fue optimista y colocó su mirada no en la posesión de un conocimiento tecnológico en pocas manos, sino que por el contrario, el conocimiento se expandiría con la fuerza que solo la tecnología puede lograr.
De alguna manera, el impacto que Gutenberg logró con la imprenta sin cuyo desarrollo sería impensable el Iluminismo Alemán y la Ilustración Francesa, padres de las ideas que transformaron al mundo en los siglos XVIII y XIX , así como el movimiento popular que supuso la revolución industrial y el propio surgimiento de la sociedad industrializada, constituye el precedente a esta ola de tecnología social que comienza a sacudir el planeta.
Allí radica la perspectiva de la Tecnología Social, en procurar un ámbito expansivo para la autonomía personal, vista como la condición que requiere la libertad para poder manifestarse.
José Gerardo Guarisma Álvarez
Vìa El Universal
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